Ni el tiempo ni la distancia pudieron terminar con nuestra amistad, nacida de sueños entrelazados con juegos de antaño. El mármol de la distancia, jamás enfrió nuestro apego perenne, la procela que atravesamos fortalecida de sueños y hechos, nos hizo fuertes como el acero. Leimos los pensamientos del viento quedando conmovidos. Callamos para escuchar el silencio de la eternidad, finalmente sellamos nuestra AMISTAD en el árbol de nuestras vidas.
Una sonrisa al descubierto, volando sin rumbo... regalando caricias dulces, dejando cartuchos de susurros esparcidos en el tiempo, unas veces nuevo y otras añejo. Sonrisa..., lanza! toques mágicos a esos seres que claman alivio al ajetreado día que está a punto de perecer.
Mañana una vez más nacerá entre el carmín de mis labios.....y volará cual mariposa posándose en los espíritus que aún la esperan sin miedo a soñar y vivir el azar del día. Alejáse y vuelve meciendose en el vaivén de la razón y la locura, derramando chispas de amor por el suelo que piso acompañada de armonía, mientras una vez más te preparas para nacer mañana muy de mañana.
Me extravié buscando la felicidad, sin darme cuenta que dormía y despertaba junto a ella, regalándome sin avaricia una sonrisa con la primera caricia matinal.
No pude distinguirla en la penumbra espesa de la melancolía acompañada de lágrimas que bañaban mis amaneceres y atardeceres.
Te descuidé tanto que...
abandoné la vida por seguir cargando con el ayer, perdiendo el privilegio de ser feliz con el hoy.